LAS ANDAS PROCESIONALES

Muchos años de intenso trabajo han dado como resultado el conjunto artístico, procesional y cultual, que en la actualidad podemos contemplar, tanto en la salida del Domingo de Ramos como en la festividad de la Inmaculada del 8 de diciembre, en torno a la dolorosa de Lágrimas y Favores. Entendiendo estos objetos artísticos como patrimoniales, se podría decir que no hubiera sido posible su materialización sin el esfuerzo de otro tipo de Patrimonio: el humano. Así, cuando en la Cuaresma de 2004 se presentaba y bendecía el trono procesional de la Virgen, pocos conocían la trayectoria que había sido necesaria recorrer para llegar a ese momento.

Lo cierto es que este proyecto había comenzado muy atrás en el tiempo, concretamente en 1990. Es en este año cuando el grupo de devotos de la imagen decide encargar una peana de orfebrería en el incipiente taller de Orfebrería Maestrante de Sevilla. Tras ello, llegarán la candelería de 74 piezas; doce barras de palio; arbotantes de cola; templete con la imagen de la Inmaculada y dos juegos de ánforas y faroles de distintos tamaños. Estos encargos ponían de manifiesto el interés por parte del grupo de conformar un conjunto de enseres cuya finalidad última sería la salida procesional bajo palio de la Santísima Virgen, pero que mientras tanto (dada la magnitud del proyecto) permitían dotar a la sección de una serie de elementos que enriquecieran plástica y simbólicamente el culto interno de la Señora. Como colofón, en el año 2003 se terminaban tanto la crestería del palio realizada en el taller malagueño del orfebre Alejandro Borrero como el anhelado cajillo que daba sustento a todo el conjunto.

A la vista de los acontecimientos, podría pensarse que se había “empezado la casa por el tejado” y se había terminado por los pies al dejar la ejecución del cajillo para el final. No obstante, si bien con este modus operandi se retrasaba la salida bajo palio de la Virgen también se aseguraba un estreno completo, tanto en los detalles como en el conjunto, del trono procesional.

En este punto, es indispensable resaltar la figura de José Miguel Moreno Ruiz. Artista bordador y diseñador, además de ser el catalizador e impulsor del grupo de devotos de la Virgen de Lágrimas y Favores, es el responsable directo del conjunto procesional, ya que prácticamente todo el patrimonio artístico de la sección (trono, saya, toca, manto y enseres) ha partido de su cabeza y dibujos. Igualmente, su maestría en el bordado ha dado como resultado que además de la realización del palio y el manto de procesión, de su taller haya salido el ajuar con el que, él mismo, reviste durante todo el año a la Señora. Junto a José Miguel es de rigor nombrar el trabajo técnico, creativo y artístico llevado a cabo por sus más estrechos colaboradores, Federico Palma, Juan Manuel Maese y Miguel Ángel Maese.

Dicho esto, y centrándonos en aspectos meramente artísticos, es manifiesto que la sección de Lágrimas y Favores ha buscado desde sus comienzos la materialización de un conjunto artístico y cofrade que complementase el discurrir procesional de nuestra imagen mariana, pero partiendo siempre desde premisas muy claras: originalidad en los diseños, homogeneidad estética y calidad técnica en la ejecución de las piezas. Esta uniformidad creativa, como se ha apuntado, deriva de la figura de José Miguel Moreno, pero también del afán del resto de componentes del grupo de devotos por la creación de un conjunto definitivo y personal que perdure a lo largo del tiempo y defina claramente el carácter de la sección. Para la materialización de este cometido se han buscado artistas que destacasen, no tanto por su reconocimiento público como por su dominio técnico de las diferentes artes y que además supieran interpretar con flexibilidad y personalidad la complejidad de los diseños propuestos desde la mayordomía.

Con todo, la orfebrería del trono y de la mayoría de enseres fue encomendada a los citados talleres de Orfebrería Maestrante regentados por los hermanos Marín, que en aquellos primeros años comenzaban su andadura profesional como maestros de su propio obrador. Esta apuesta arriesgada desembocó en una fructífera relación que dio como resultado la pretendida homogeneidad en la realización de las diferentes piezas. Junto a los Hermanos Marín, también es destacable la participación del orfebre malagueño Alejandro Borrero, el cual, a pesar de su juventud, satisfizo con gran calidad técnica y artística una serie de encargos, casos de la crestería del palio o el juego de placa y pértiga, que vinieron a rematar tanto el trono como el colegio apostólico que lo precede.

Como sería extenderse demasiado y sin entrar en demasiados aspectos técnicos e iconográficos, nos centraremos en describir brevemente las características principales del trono procesional. Se trata sin duda de la pieza más destacable del patrimonio artístico y cofrade de la mayordomía, tanto por sus cualidades estéticas como por la gran aceptación que provocó en el mundo cofrade malacitano tras su estreno en la mañana de Domingo de Ramos de 2004.

En primer lugar, hay que citar un aspecto fundamental dentro del sistema compositivo de la obra como son las dimensiones, las cuales, ajustadas a las medidas de la puerta de la parroquia de San Juan, permiten tanto la salida desde el interior del templo como mantener unas considerables proporciones, que, sin desarmonizar el conjunto, se acercan en la medida de lo posible a la tendencia de tronos monumentales desarrollada desde el primer tercio del siglo XX en nuestra Semana Santa.

Junto a ello, su ornamentación menuda y técnicamente bien trabajada, nos remite al gusto por el detalle, la depuración técnica y el virtuosismo decorativo, derivado de la renovación estética producida por las nuevas hermandades originadas en los años 70, 80 y 90 de la pasada centuria.

Su planta rectangular, con las esquinas achaflanadas, se “anima” gracias a un alzado de perfil cóncavo, mientras los paños del cajillo se enmarcan inferior y superiormente con diferentes baquetones minuciosamente ornamentados. Tanto el frontal como la trasera se centran con cartelas flanqueadas por unos monumentales estípites, que en el frente sirven de apoyo a dos arquitectónicos faroles; reproducciones en menor tamaño de los laterales; y que contrarrestan la horizontalidad del conjunto. Estos, a su vez, escoltan un esbelto templete con la imagen de la Inmaculada. Por otro lado, las ochavas de las esquinas se aprovechan para colocar capillas cubiertas con chapiteles y rematadas por pináculos. En los paños intermedios se reproducen numerosos elementos vegetales
propios de la ornamentación barroca y rococó, tales como guirnaldas, acantos, volutas, ces, tornapuntas y por supuesto rocallas. Este esquema se repite en los laterales con la variante de la existencia de dos cartelas en lugar de una, centrándose este espacio con una voluminosa pilastra, igualmente cóncava y de cornisa muy volada, cuya función es la de servir de asiento de los monumentales faroles que flanquean e iluminan la talla de la Virgen. Como remate del conjunto se dispone una moldura mixtilínea que recorre cada paño del cajillo hasta llegar a las capillas de las esquinas donde se recogen en forma de grandes y elegantes volutas.

Sobre este atractivo cajillo se disponen el resto de piezas elementales para la conformación de las andas procesionales. Así, nos encontramos con el palio propiamente dicho, sustentado sobre doce barras de orfebrería, segmentadas a través de nudos de diferentes estilos y cuyas bases reproducen capillas-hornacinas en cada una de sus cuatro caras. En dichas hornacinas se sitúan bajorrelieves de orfebrería que reproducen advocaciones marianas tales como la Inmaculada, la Asunción o la Virgen de las Maravillas. Las bambalinas de terciopelo verde presentan un corte igualmente mixtilíneo y sirven de soporte a los elegantes y personales bordados. De estos destacan las molduras, la decoración floral (en consonancia con el cajillo) y las capillas bordadas a realce que centran tanto el frontal como la trasera, las cuales simulan verdaderas columnas de orfebrería y sirven de aposento a hornacinas bordadas en sedas de colores con la iconografía de la Asunción y la Virgen de la Victoria, respectivamente. Del mismo modo; pero a la inversa; la crestería de orfebrería se adapta al contorno de las bambalinas y se baña en oro como si de una continuación del bordado se tratase. En el techo del palio, la gloria de sedas multicolores representa el tema de la Encarnación y articula el resto del bordado que repite las claves de las bambalinas exteriores, con la salvedad de sustituir las capillas por cartelas con inscripciones de Letanías marianas.

Gloria palio de Lágrimas y Favores.

Sobre las esquinas del piso del cajillo, cuatro exuberantes arbotantes entrelazan sus diferentes brazos y tulipas con las barras de palio, tomando los de cola como base forma de capillas con planta cuadrifoliada. Dentro de cada una de ellas encontramos esculturas de bulto redondo fundidas en metal que representan a los cuatro Evangelistas y sus respectivos atributos tradicionales. Por último, el juego de ánforas de diferentes tamaños es un compendio de fundamentos del diseño general del conjunto, siendo quizás las piezas más originales del mismo.

Al margen de la orfebrería y el bordado, el grueso del programa iconográfico del trono se desarrolla escultóricamente en torno al cajillo. Aquí podemos ver tondos con expresivos altorrelieves de madera tallada, estofada y policromada, dispuestos sobre cada una de las cartelas y que hacen mención a la Virgen de las Maravillas (la central) y los pasajes iconográficos representados por el resto de titulares de las Cofradías
Fusionadas: la flagelación (Azotes y Columna), la elevación de la cruz (Exaltación), Cristo muerto en la Cruz (Ánimas de Ciegos) y el Calvario (Veracruz, Mayor Dolor y San Juan Evangelista). Por su parte, en las capillas esquineras se sitúan imágenes de bulto redondo con oníricas representaciones de arcángeles: San Miguel, San Rafael, San Gabriel y el Ángel de la Guarda, respectivamente. Por último, seis naturalistas querubines enmarcan cada uno de los extremos de los paños frontal y laterales. En síntesis, el discurso simbólico del trono es diverso y no se ajusta a un recorrido acotado, sino que más bien hace mención a diferentes aspectos, dogmáticos y devocionales, relacionados con la propia hermandad de Fusionadas y su historia.

Imaginería Lágrimas y Favores.

A modo de conclusión, puede decirse que el aspecto unitario de las andas procesionales, no se basa en una relectura erudita de un determinado estilo artístico, sino precisamente en un eclecticismo estético conformado a través del empleo de elementos de carácter arquitectónico e inspiración barroca sobre los que se desarrolla una decoración derivada precisamente de los repertorios barroco y rococó. Junto a ello se vislumbran aspectos conceptuales propios de este lenguaje artístico, tales como la simulación de materiales a través de otras técnicas o la perfecta integración de las distintas artes dentro de una misma obra.

Autores del Trono:
JOSÉ MIGUEL MORENO RUIZ (Años 80-2006). Diseño y bordados.
ORFEBRERÍA MAESTRANTE (1990-2002). Peana, candelería, barras de palio, arbotantes,
templete, jarras, faroles y cajillo.
ALEJANDRO BORRERO (2003). Crestería del palio.
MIGUEL ÁNGEL DOMÍNGUEZ VELÁZQUEZ (2005). Imaginería.

Texto:

Alfredo Lara Garcés.
Ldo. en Historia del Arte.